Una propuesta para formalizar el desarrollo profesional

Independientemente de cuál sea nuestra proximidad al mundo clínico, probablemente hemos oído hablar en ocasiones de las llamadas sesiones clínicas que los equipos de especialistas realizan en los centros hospitalarios con la finalidad de estudiar casos médicos para los que no existe una receta estandarizada y que deben ser abordados sin dilación. Estas sesiones clínicas podrían describirse como una modalidad particular de reunión profesional de facultativos para estudiar y decidir la propuesta concreta de actuación ante un paciente singular. Habitualmente en esas sesiones se estudian los casos de pacientes que presentan cierta dificultad, complejidad o interés.

Hace pocos meses pudimos asistir -sólo como observadores pasivos- a una de estas reuniones de especialistas, una sesión clínica, que nos permitió conocer de primera mano cómo se realizan y cuál es su dinámica y funcionamiento. Dicha invitación nos permitió observar e identificar algunos rasgos característicos de esas sesiones, que presentamos ahora en las siguientes líneas, con la intención de señalar su incidencia en los protagonistas desde la perspectiva del desarrollo profesional. Al terminar la sesión clínica recapitulamos lo que habíamos visto y que a continuación sintetizamos en las siguientes características.

  • Los médicos que participaban en la sesión habían consultado y estudiado previamente el historial clínico de los casos sometidos a examen.
  • La sesión se destinaba a realizar el estudio de manera colectiva y compartida.
  • El objetivo de la sesión era intercambiar puntos de vista para tomar decisiones buscando el mayor acierto posible y probable para los casos.
  • Al afrontar cada caso los médicos movilizaban simultáneamente todo su bagaje profesional: experiencia médica, conocimiento científico-teórico y evocación de casos afines a lo largo de su ejercicio profesional.
  • Conversaban y a medida que avanzaba la sesión el porcentaje de participación aumentaba. Cruzaban entre ellos experiencias, datos, detalles y recuerdos de otros casos, etc. Se producían momentos de silencio que todos parecían necesitar. Todos debían exponer su opinión.
  • En diferentes momentos algunos de ellos intervenían para aportar particularidades específicas del paciente cuyo caso estudiaban. Esos detalles del paciente provocaban en algunos médicos ciertas dudas respecto a su postura inicial.
  • Estudiaban el caso del paciente concreto y no propiamente la enfermedad genérica. Parecía más problemático el paciente que la enfermedad misma.

La situación y vivencia descrita permite deducir que verdaderamente las sesiones clínicas ponen al servicio del tratamiento del paciente todos los conocimientos profesionales disponibles de un equipo médico completo. Los conocimientos que utilizan para la resolución de los casos no son sólo los que aprendieron en días lejanos en las Facultades de Medicina; para estudiar el caso disponen de un conocimiento profesional cuantitativa y cualitativamente muy superior. La verdadera competencia profesional del equipo médico se nutre del conocimiento científico-teórico, el conocimiento profesional y la experiencia personal, colectiva y compartida. Quienes hemos podido vivir esa experiencia, como paciente o como familiar de un paciente, sabemos de la confianza que se deposita en el equipo profesional que decide consensuadamente la solución más acertada para ese enfermo único y singular.

Llegados a este punto, podemos formularnos dos preguntas en relación al desarrollo profesional personal:

¿Qué motivos llevan a un médico a desear ser invitado a participar en una sesión clínica?

¿Por qué el paciente y su familia aprecian que se estudie su caso en una sesión de este tipo?

La respuesta es precisamente lo que justifica que tratemos de esta práctica profesional hospitalaria y nos planteemos la conveniencia de extrapolarla a otros ámbitos profesionales.

Las sesiones clínicas constituyen un claro exponente de cómo puede formalizarse el desarrollo profesional en algunas instituciones, empresas o entidades. Estas sesiones, tradicionales en el mundo hospitalario, emergen como modelo vivo, real e institucionalizado de desarrollo profesional, transferible a otras profesiones. Su efectividad formativa podría inducirnos a los profesionales de otros sectores a buscar nuevas formalizaciones posibles en los escenarios profesionales, pero que, en todo caso, actuaran como activadores del desarrollo profesional personal y colectivo. Existen ya experiencias particulares que, además de lograr el fin inmediato de convertir la experiencia propia y ajena en conocimiento profesional colectivo, han obtenido resultados de otro orden como un incremento notable de la cohesión de los equipos, así como una mejora de la propia cultura profesional.

Estas reflexiones se relacionan y complementan con un instrumento disponible en la web  (aprendizaje experiencial y profesionalidad docente), que propone unas reflexiones en torno a la relación existente entre el saber teórico y el saber experiencial en la vida profesional de un docente o formador.

Si la competencia de un docente se pone de manifiesto cuando éste es capaz de resolver positivamente situaciones concretas del trabajo profesional por medio de la movilización de todo su saber, transferir las sesiones clínicas a las instituciones educativas, contribuiría a ser más competentes todavía.