En los países del hemisferio norte se inicia ahora, en septiembre, el nuevo curso académico y en el caso de España además  entra en vigor  la  nueva y controvertida ley educativa LOMCE. Con tal motivo la Dra. Guasch Pascual de la Universitat Oberta de Catalunya publica en La Vanguardia, relevante periódico del país, un breve artículo que  invita a una reflexión docente al tiempo que  sugerente en  el contexto educativo internacional. Se reproduce  a continuación. 

TRABAJO EN EQUIPO [1]

Teresa Guasch Pascual
Directora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la UOC
tguaschp@ uoc.edu

Una de las apuestas de la Lomce [2] es el aumento de la autonomía de los centros, aspecto clave –como señala la ley –  para la mejora educativa. En este sentido, el gran reto que tenemos delante es, pese al poco consenso que ha suscitado esta ley, impulsar y liderar proyectos de centro consensuados para trabajar en una propuesta conjunta, con una visión clara que contribuya a la cooperación e implicación de todo el equipo. Hace falta un liderazgo compartido por todo el centro que nos lleve a mostrar que las competencias de cooperación son posibles, como ya están impulsando y mostrando bastantes centros, que a su vez actúan de espejo hacia nuestros alumnos.

Es clave la apuesta de la ley por reforzar la autonomía del equipo directivo. Ya era hora de que se pusiera énfasis en la necesidad de potenciar este colectivo para que impulse y acompañe a todo el centro a lograr unos retos comunes que garanticen la innovación educativa y el aprendizaje de los alumnos. Me preocupa, sin embargo, que en todo el texto de la ley no aparezca el concepto de colaboración, cooperación o trabajo en equipo entre los docentes.

En cambio, sí les pedimos a nuestros estudiantes que colaboren entre ellos. ¿Cómo pensamos conseguirlo si no se incentiva que el profesorado actúe en este sentido como modelo? El último estudio Talis sobre enseñanza y aprendizaje en treinta y cuatro países, muestra una foto bastante negativa de la falta de trabajo grupal en nuestro contexto.

Entiendo que el liderazgo –concepto que no aparece en la ley– del equipo directivo es clave para favorecer entre el profesorado la idea de que todos aprendemos de todos, incentivando esta práctica, por ejemplo, dando y recibiendo feedback de nuestros compañeros docentes, observando otras prácticas que tienen lugar en el mismo centro. Los docentes no podemos trabajar solos.

Tenemos muchas evidencias de la relevancia de la interacción entre iguales, de las potencialidades de un mentor o guía, y en esta línea, los miembros de la dirección deberían facilitar un retorno ajustado a los docentes que les permita saber cómo mejorar. La formación de los equipos directivos y la dotación de instrumentos que les permitan acompañar y guiar a los docentes en el trabajo colaborativo es uno de los desafíos inminentes y a la vez un gran estímulo para la mejora educativa.


[1]  Artículo publicado en La Vanguardia, 1/IX/2014 en la sección  Debate. Retos educativos

[2]  Nueva legislación educativa española: Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa.